La asamblea de las mujeres, una comedia sobre comunismo y ginecocracia

 


Hace muchos años, en un taller municipal de teatro, tuve a suerte de interpretar el papel de Praxágora en La asamblea de las mujeres, de Aristófanes. Ahora, al leer la obra original, me he dado cuenta de que debía de ser una versión de la misma, ya que el final era muchísimo más disparatado e incluía las faloforias, también llamadas falagogías, que eran procesiones solemnes en honor de Priapo y Dionisos en las que se llevaban enormes falos de madera, acompañando la procesión con canciones típicas. De cualquier modo, aunque no sea exactamente la historia que recordaba, creo que aborda un tema muy interesante y de una manera muy aguda.

 

Aristófanes es la gran figura de la comedia griega antigua. La temática de esta comedia antigua solía estar relacionada con la política. Sabemos que Aristófanes escribió unas cuarenta obras y esta fue estrenada en el 392 a. C., una vez pasado el corto periodo de oligarquía tras la Guerra del Peloponeso.

 

La obra, también conocida como Las Asambleístas, Las Junteras o Las eclesiazusas, da comienzo con un prólogo de Praxágora, la protagonista, que aparece disfrazada de hombre y con una lámpara en la mano, parodiando los prólogos de las tragedias y desvelando el que será el detonante de la trama: las mujeres acudirán a la Asamblea, disfrazadas con las ropas de sus maridos, para hacerse pasar por hombres.

 

Comienzan a continuación las escenas, que en este caso no se encuentran determinadas en el texto de Aristófanes, pero que son fáciles de distinguir por el cambio de personajes, aunque la ubicación es la misma: una plaza de Atenas, a la que da la casa de Praxágora y otras dos casas.

 

Encontramos algunas didascalias que hacen alusión a la actitud de los personajes, a su entrada o salida de escena o al motivo de su parlamento, como en el caso de: (Siguiendo su discurso). Sin embargo, la mayoría de los diálogos son lo suficientemente explícitos como para que las acotaciones no resulten imprescindibles.

 

No podemos decir que Las Asambleístas se ajuste del todo a los elementos estructurales de la comedia griega. Sí lo hace en su inicio, ya que un personaje, en este caso Praxágora y las mujeres atenienses que la acompañan, idea un plan para terminar con una situación que considera insoportable. Es verdad que encuentra alguna oposición, pero no de manera frontal por lo que no queda claro cuál es el momento culminante o agón de la obra y, al final, el conflicto cambia un poco de objeto y, aunque es cierto que hay una escena final de fiesta o celebración, kommos, la heroína no está presente en ella, por lo que nos encontramos con un desenlace un poco desajustado. Tampoco se da en este caso el supuesto de que el héroe no tenga profundidad psicológica, ya que el personaje de Praxágora tiene carácter y personalidad y lo deja claro en cada uno de sus discursos.

 

 

El argumento de la obra nos cuenta que un grupo de mujeres atenienses, con Praxágora a la cabeza, deciden disfrazarse de hombres y acudir a la Asamblea. Con sus discursos convencen a los ciudadanos de que un gobiernos ejercido por las mujeres es la mejor solución para resolver los problemas de Atenas. Consiguen que su propuesta se acepte y, desde ese momento proponen un régimen comunista en el que todos los bienes de la ciudad sean compartidos. Se producen algunos conflictos entre los habitantes, pero todo se resuelve de manera feliz con una fiesta.

 

En la comedia antigua se critica el poder establecido y eso es lo que aparece principalmente como tema en esta comedia. En este caso son las mujeres quienes consideran que, después de tantas pruebas como se han llevado a cabo en Atenas, un gobierno matriarcal puede ser la solución. Es notorio cómo los personajes femeninos, al encontrarse en un sistema de dominación masculino, no tienen mucha participación en la toma de decisiones. Estas mujeres, lideradas por Praxágora, quien se atreve a dar un discurso al mejor estilo de los grandes oradores, manifiestan el deseo de ser escuchadas y de liberarse de las ataduras del dominio masculino que las encierra en las casas y las resigna al cuidado de los hijos.

 

Sin embargo, las mujeres se ven en la obligación de recurrir a varias artimañas, no solo vestirse como hombres para hablar en la Asamblea, sino que, para obtener la libertad de expresión, deben limitar su propia palabra y adueñarse de los discursos masculinos para no dar sospechas de su condición. Praxágora amonesta a la Mujer II en vista de que no logra apropiarse del personaje masculino que debe representar, esto porque de no hacerlo como corresponde no podrá formar parte de la Asamblea y pondría en evidencia los planes de las mujeres. Su idea era, por un lado, tomar el control de Atenas y poder implantar una vida en común donde todos, sin excepción, tuvieran participación y poseyeran lo mismo en iguales proporciones y, por otro lado, liberarse de las ataduras masculinas que les impedían ser y hacer lo que quisieran y manifestar libremente lo deseado sin temor a represalias.

 

La represión y la libertad de expresión se manifiestan en tanto las mujeres son incapaces de hacerse escuchar por los miembros de la Asamblea de Atenas, de manera que se ven obligadas a hacerse pasar por hombres para ser tenidas en cuenta. El disfraz oculta la imagen prohibida en la asamblea de Atenas, es decir, la imagen de la mujer y la transformará por una aceptable, la del hombre. Aquí podemos apreciar el núcleo semiótico de represión/libertad de expresión y el de ocultación/revelación. Las mujeres se ocultan tras un personaje y una voz masculina para desarrollar su propio discurso y tener la posibilidad de que este sea escuchado.

 

Es muy interesante destacar también el significado del nombre de la heroína. Según Rothwell, Praxágora significa “que habla con éxito”; Paganelli lo traduce como “la que actúa en el ágora”. Etimológicamente podemos entenderlo como “la que tiene éxito con su discurso”. Así, Praxágora, en la obra, será la que guíe, mediante sus palabras en la Asamblea de Atenas, a las mujeres que confían en su capacidad discursiva, pero también la que convenza al resto de los participantes que, creyéndola hombre, confían en su propuesta.

 

Así, podría afirmarse que Praxágora persuade a los asambleístas haciéndolos pensar que las mujeres serán mejores para administrar el gobierno, ya que lo harán como si administraran sus hogares o cuidaran a sus hijos. Praxágora no solo se erige con su discurso como la “generala”, tal como es reconocida en el texto por el resto de las mujeres, sino que se caracteriza por ser una heroína, cuyo acto heroico fue liberar, mediante su exitoso discurso, a las mujeres y otorgarles la libertad de expresión tan deseada y una importante participación en el ámbito público.

 

Uno de los hombres se opone a la idea de una vida en común, propuesto por Praxágora, pero por otro lado, termina aceptando lo que el resto de la sociedad ha escogido como modelo político. El descontento del hombre se produce cuando Cremes, su amigo, le dice que ha de entregar todos sus bienes a la comunidad, pues se ha dispuesto por el nuevo gobierno que se haga eso para emprender una vida en común basada en los ideales de igualdad y equidad entre las personas; sin embargo, el hombre no está convencido de donar lo que tiene, pero al ver que el movimiento social es fuerte y que no se deshace como muchas de las leyes estipuladas por algunos hombres atenienses miembros de la Asamblea, termina por aceptar.

 

La parte de la obra en la que las mujeres viejas luchan porque un joven han de yacer primero con ellas para poder después hacerlo con una joven, según las nuevas normas del gobierno comunista, es, desde mi punto de vista menos interesante y también con una trama cómica menos inteligente que distancia esta obra de otra muy parecida, del mismo autor, Lisístrata, que aborda también la cuestión del poder de las mujeres pero con otra dimensión.

 

De cualquier modo, aunque solo sea por la cualificación retórica de la protagonista, por su contenido político y por la acumulación de recursos argumentativos en los discursos que Praxágora ensaya ante sus compañeras antes de pronunciarlos en la Asamblea merece la pena la lectura de La Asamblea de las Mujeres.

El soliloquio de Praxágora que sirve como prólogo tiene el propósito de caracterizar a la protagonista como una oradora hábil y capaz desde el mismísimo comienzo de la representación. Aristófanes pone para ello en su boca y nada más entrar en escena un monólogo que, al margen del carácter paródico de prólogos trágicos o de plegarias a los dioses que es evidente, bien puede considerarse un discurso de aquellos que en la clasificación aristotélica se denominará “epidíctico”, que apela al público a atender y mirar lo que sucede en el aquí y el ahora.

 

Terminamos así con el inicio de su prólogo como muestra de esa capacidad discursiva:

 

“Ojo brillante del candil torneado, precioso invento entre los acertados, tu nacimiento y suerte mostraremos; que en el torno volteado por efecto de empuje del alfarero, en tus narices tienes, resplandecientes, cual del sol, los fueros… pon en marcha las señales de tu llama convenidas; que a ti solo con razón lo revelamos, ya que a nuestro lado nos asistes incluso cuando en los dormitorios los giros de Afrodita practicamos; nadie de su casa excluye tu ojo, que nos preside cuando los cuerpos arqueamos; sólo tú iluminas los prohibidos recovecos de los muslos, al chamuscar su floreciente pelambrera; cuando las despensas colmadas de grano y de licor de Baco a hurtadillas abrimos, con tu presencia tú nos acompañas; y, aunque en eso colaboras, a los vecinos no lo cacareas; en premio de lo cual, cómplice has de ser en los planes de ahora, cuantos en las Esciras aprobaron mis amigas”.

 

 Inma Luna

 


Comentarios

  1. El análisis de esta obra me ha parecido claro y sincero. El tema que se expone me parece de una visión bastante moderna, la intrusión de mujeres en la política, aunque de incógnito, y su logro al mencionar el discurso que convence al resto de hombres de la asamblea. Sin duda, es un tema que puede causar mucha controversia, incluso hoy en día que vivimos estos tiempos donde hombres y mujeres parecen estar enfrentados en una batalla que tiene como objetivo la igualdad...sin sentido. Me encanta el momento donde la protagonista habla por el resto y expone sus ideas, siendo admirada como heroína por liberar a las mujeres por medio de la palabra y así otorgarles la capacidad de expresarse. Ese debería ser para todos el fin. Las palabras tienen mucho poder y pueden llegar a todos los rincones del mundo.
    Gracias por la aportación Inma, dan ganas de leer la obra!

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    1. Gracias Elena. La verdad es que si te paras a pensarlo los temas de la literatura son universales y atemporales. Cambian las circunstancias, pero los conflictos humanos son muy similares. En este caso, el poder, la política, la desigualdad entre hombres y mujeres y la desigualdad de clase... temas de candente actualidad. Un beso.

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  2. Me encanta que a lo largo de la historia existan personajes como el de la protagonista de esta obra, algo tan necesario como es darle voz a todas aquellas que no pueden hacerlo o su propio miedo hace que no salgan de su zona de confort, sin duda creo que es una obra que habrá que leer!! Muchas gracias Inma por la aportación al Blog!!

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