EL DRAMA - SERGIO PEÑATE Y ALBA GOYA

EL DRAMA

El drama viene a ser la versión burguesa de la tragedia. Este tipo de obra es una creación del xviii y responde a los postulados del siglo. Parte de Diderot, quien considera que el teatro tiene que reflejar la realidad. Responde a las pretensiones y gustos de una burguesía que no entiende de actos heroicos y que quiere verse reflejada en el escenario. Presupone la bondad natural del ser humano y se interesa por la virtud. Prefiere la prosa al verso. Los argumentos giran en torno a lo cotidiano y doméstico, con gran tendencia al realismo. Los personajes, por primera vez, tienen un pasado, unos antecedentes. Se quiere mostrar, más que una serie de peripecias, un momento de la vida humana. Aumentan las acotaciones referidas a elementos escenográficos, de decorados o respecto a los personajes, pues el gusto del público y las mayores posibilidades de los teatros hacen que crezca el interés por una mayor verosimilitud en la puesta en escena.

A partir del siglo xix el término se generaliza y abarca a todas esas obras en las que aparecen elementos de tragedia y comedia. La expresión drama, entendido como género dramático - ya que la palabra designa a toda obra de teatro e incluso al teatro mismo, a la representación- comienza a utilizarse en el siglo xviii, aunque el primero que lo utilizó en Europa fue Cascales, que en su obra Tablas poéticas, de 1617, reduce los géneros aristotélicos tragedia y comedia a uno solo que llama drama.

El Romanticismo defendió esta fórmula y, a partir de Victor Hugo, se aplicó de manera genérica drama a toda la producción dramática, ceñida ahora a la nueva sensibilidad y concepción del mundo. Así, el drama romántico presenta características propias. Aunque nacido de la Ilustra ción, toma su propio camino, renegando de los principios de la razón, de las reglas y de la verosimilitud y enarbolando la bandera de la inspiración y la libertad, tanto formal, como de contenidos.

A finales del xix, el drama realista vuelve, de alguna manera, a los planteamientos de Diderot, tras el paréntesis del Romanticismo, y es ahora cuando pueden llevar a la práctica sus presupuestos teóricos. Se parte de la convicción de que el teatro tenía que ser útil a la sociedad, contribuir a mejorarla, por lo que se convierte en un teatro comprometido. Se trata de una obra de temática, personajes y espacios actuales, de manera que el espectador pueda identificarse con aquello que ocurre en escena, al ser algo cercano y verosímil. Ayuda a ello los medios técnicos que permiten que el escenario reproduzca con fidelidad los espacios de la acción. Y lo más novedoso, los actores poco a poco empezaron a contar con nuevas formas de interpretación para que la puesta en escena se ajustara lo más posible a la verdad, entendida como reproducción mimética de la realidad.

El drama realista lo inauguró Ibsen con obras como Casa de muñecas y Un enemigo del pueblo. La estructura de estas obras, con trama complicada, incidentes, golpes de efecto y resolución sorpresiva, la toma Ibsen de la pieza bien hecha, fórmula inaugurada por Scribe para un teatro acorde con las preferencias de la burguesía: de aparente realismo, con personajes, lenguaje y temática de acorde con la actualidad; pero de fondo conservador, como suponen los finales de acuerdo con la moral y las convenciones burguesas. Ibsen toma los elementos formales de la pieza bien hecha, pero los contenidos y especialmente el tratamiento de esos contenidos no siguen los dictámenes del público burgués. Por el contrario, el drama realista se erige en bandera de ideas progresistas y en teatro crítico con aquellos aspectos más injustos de la sociedad de la época.

Parte de la producción realista - entendiendo realismo en su acepción de estilo - responde al campo de lo tragicómico, pues contiene personajes de diferentes clases sociales y pueden aparecer en él momentos de comicidad, aun en el tono general serio de este tipo de obra.

El teatro realista, simbolista, expresionista, prácticamente gran parte del teatro escrito a partir de finales del siglo xix, que contiene un carácter predominantemente serio, recibe el nombre de drama. Sin embargo, tanto las obras simbolistas, como expresionistas, presentan características específicas al encontrarse sometidos tanto el lenguaje, como los temas, personajes y puesta en escena apuntada en las didascalias a los principios básicos de cada movimiento. De manera que las características con las que podríamos delimitar el término drama, en su acepción de género dramático, se limitan a aquellos dramas realistas.

Notas que lo definen:

Abundantes acotaciones en las que se describe el espacio donde se desarrolla la acción con gran profusión de detalles, en un intento de reflejar el ambiente que rodea a los personajes.

-Lenguaje ceñido lo más posible a un estilo conversacional, desprovisto, por tanto, de términos retóricos.

Personajes coetáneos al autor, preferentemente de clase media, a los que acompañan numerosos datos biográficos. Los personajes no son arquetipos, no tienen la proyección universal que en la tragedia.

La acción, condensada en un tiempo generalmente corto, transcurre con cierta lentitud, dando importancia a los conflictos internos. El dramaturgo elimina los golpes de efectos y los grandes momentos dramáticos del teatro de otras épocas para ceñirse primordialmente al estudio del carácter de los principales personajes.

Al género drama pertenece gran parte de la producción de finales del siglo xix y de todo el siglo xx. Salvo aquellos textos en los que el autor manifiesta una voluntad inequívoca de evidenciar el género, como Strindberg en Señorita Julia, o Lorca en Bodas de sangre y Yerma, la mayoría de las obras de autores como Ibsen, Pirandello, O'Neill, Williams, Miller, Buero, entre otros muchos, se han clasificado como dramas, aunque puedan contener influencias de movimientos estéticos no realistas, principalmente simbolistas y expresionistas.

El corpus de obras catalogadas como dramas siguen teniendo gran peso en el teatro actual. Ha impuesto nuevas formas de puesta en escena y ha posibilitado la aparición de nuevas técnicas de interpretación que han contribuido a la consideración del actor profesional.

El drama ha pasado al cine, no sólo porque muchas cintas están basadas, con mayor o menor fidelidad, en este tipo de texto, - lo que también se ha hecho con obras pertenecientes a los otros géneros - sino, sobre todo, porque la cámara resulta un instrumento óptimo para reflejar el ambiente, el carácter doméstico, los antecedentes del personaje, su conflicto y complejidad psicológica.

Parece de este modo que habría que hablar de la aparición de un nuevo género dramático, que no responde a los géneros aristotélicos y que se queda a medio camino entre la tragedia y la comedia. Aunque este nuevo género llamado drama podría ser también una versión actualizada de la antigua tragicomedia o de la tragedia clásica.

Por todo ello, algunos críticos han empleado el término drama para aquellos textos que no responden claramente a un subgénero dramático y que mezclan estilos y medios escénicos (Lioure, citado por Pavis, 1998).

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