Eurípides, ¿misógino o feminista?




Leyendo Medea empecé convencida que el dibujo que hacía Eurípides de este personaje femenino era terrible, por la crueldad con la que lo dibujaba. Esto me llevó a plantearme que se trataba de un autor claramente misógino. 

Sin embargo, en una reflexión posterior, más profunda quizás, me di cuenta de que la cuestión de la misoginia de Eurípides debía ser replanteado, pues lo había enfocado equivocadamente. Es cierto, y absurdo sería negarlo, que hay en la obra de Eurípides un sinfín de frases que van directamente dirigidas contra la mujer. Pero esas acusaciones directas —que van siempre puestas en boca de personajes femeninos—, no son más que una cobertura para velar las intenciones esenciales del trágico, que van encaminadas a mostrar a los ojos de los atenienses que esos seres, que tan escasa consideración merecen en su propia época, pueden llegar a superar en valor, heroísmo y fidelidad a los privilegiados hombres.

En este sentido, Eurípides se sumerge en las traiciones de las que ha sido objeto Medea y en su situación psicológica. Y, sobre todo, insiste hasta la saciedad en los defectos, las infidelidades, el egoísmo y el cinismo de Jasón. 

Medea es una mujer bárbara, por tanto, doblemente despreciada, por su condición de mujer y extranjera. Pero ha hecho posible que su esposo sea considerado un héroe: sin ella no hubiera podido culminar con éxito la expedición en la que logró el preciado vellocino de oro.  Pero Medea se halla a merced de las decisiones de Creonte.  

Se entera de que Jasón la abandona para casarse con la hija del rey. Medea siente un odio mortal contra Creonte, contra Glauce, contra Jasón e incluso contra sus propios hijos. Piensa matar a Jasón y a sus hijos, suicidarse, o matar sólo a Jasón.

Lo cierto es que ha recibido un golpe terrible del hombre al que ama, y por el cual lo ha dejado todo. Medea ha llegado al final de su resistencia como ser humano. Su reacción es violenta y salvaje, y lo reconoce:  “Sé el crimen que voy a cometer; pero mi cólera es más poderosa que mi voluntad”.

Lo más interesante es que Eurípides no justifica en ningún momento a Jasón sino que insiste varias veces en lo terrible de su comportamiento, con lo que, a pesar del horroroso comportamiento de Medea es inevitable que, como espectadores, mostremos compasión hacia ella.

Esto me lleva a pensar que la idea de Eurípides se aleja de la misoginia y, aunque sería osado e injusto, calificarlo de feminista, sí hace un análisis interesante de la psicología femenina y nos presenta a una mujer que, dentro del horror y empujada por las circunstancias, toma sus propias, aunque dramáticas, decisiones. 


Comentarios

  1. Interesante reflexión, gracias por compartir los diferentes puntos de vista.

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